martes, 22 de septiembre de 2009

Nuestro mar de plata

I Persona
De permanecer mis manos hundidas en esta tierra,
aquí, dónde alzaron mi mirada hacia el cielo,
dónde mi corazón sepulta sus anhelos;
De permanecer aquí...
mis ojos, un destello nublado.
mi vibrante latido,
el que le marca a mis pasos el ritmo,
arrastrados en letargos.
Y el rincón dónde más existo
invadido por grietas
ocasionadas por tu mezquindad.
De permanecer aquí
una vida más que pierde su razón,
una muerte más por inercia.

II Persona
Y tú, que conoces la velocidad del tiempo,
y las batallas retrocederlo,
y el escondite de sus cicatrices
reflejos de su paso,
erosionan tu piel, tus actos.
Tú, quien con él ha recorrido más veredas
intentando convencerlo de regresar a ese espacio
donde aún de mi no conocías
y enmarcabas colores acariciados por tus dedos.
Ahora pretendes luchar una batalla perdida.
No me alío, no soy enemiga
solo que tu guerra no es la mía.


III Persona
Inquieto espera un mar de plata,
un viento bondadoso,
una revoltosa marea.
No existe el abrazo verdoso
protector de las cargas del cielo.
No es sol que conozco, no es igual el suelo,
pero las aguas que aquí navegamos
son las mismas que allá nos esperan
a que en ellas naufraguemos.

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