Los grupos ligados por sangre tampoco son familia pues, la solidaridad más forzada, la aceptación menos genuina y las apariencias más convincentes son sólo por coincidencia, por estadísticas, o por la inexplicable voluntad de Dios. Nunca una familia.
Curiosamente, sobre esas colinas se asoma entre sus recónditos caminos una casa que, sólo es casa de quienes nunca fueron familia, mucho menos fundaron un hogar.
Y mis ojos que la ven se afincan en la evidencia que demuestra que de haber sido de otro modo no hubiese sido abandonada con tan poco remordimiento. No ha sido el tiempo el victimario de las puertas rotas que entre rabietas se patearon. Y entre el filo de las paredes rayadas con historias de estaturas, las chimeneas cenicientas dónde nunca hubo calor, algunos recuerdos son burlados en los marcos que retratan el mejor momento fingido.
Algunas normas pasadas fueron la estética y el orden. Hoy quedan los restos invisibles desplomados en el piso. Aparentemente todo permanece inalterado; pero las fisuras irreparables en las piezas materiales son un ligero reflejo de los dolores internos.
A aquella casa la llamaron "La Periquera", pues sus habitantes eran reconocidos por tener una lengua incansable, una conversación dispersa y un escándalo perenne. Y entre palabras y gritos, murmullos y refunfuños se convirtió en el templo de la disputa prepotente y sin argumentos, de la ofensa verbal y de la venenosa calumnia. Claro está, que la "gente de buena familia" se califica según el oficio lucrativo, los modales refinados, y cosas que se tienen mas que no se son. Con tal de tener y parecer, las verdades podían ser apartadas y custodiadas con gran afán. Muchos secretos y mucho afán.
A aquella casa la llamaron "La Periquera", pues sus habitantes eran reconocidos por tener una lengua incansable, una conversación dispersa y un escándalo perenne. Y entre palabras y gritos, murmullos y refunfuños se convirtió en el templo de la disputa prepotente y sin argumentos, de la ofensa verbal y de la venenosa calumnia. Claro está, que la "gente de buena familia" se califica según el oficio lucrativo, los modales refinados, y cosas que se tienen mas que no se son. Con tal de tener y parecer, las verdades podían ser apartadas y custodiadas con gran afán. Muchos secretos y mucho afán.
Aquella casa de piedra se desbordaba en relaciones viciadas y se doblegaba fácilmente ante lo que el dinero pudiera comprar. La verdadera libertad se comprometía para satisfacer las necesidades menos empíricas pero más básicas y se hizo esclava de las cosas que pronto eran basura.
Aquella casa de piedra, como muchos creen, no está abandonada. La piedra pasó de soportar una casa a fundar un hogar. Ahora es habitada por personas con la disposición de sentir y la intención de ser sentidos, lo que fuera que corriera por sus venas. Poco tienen de sangre y, aún asì, mucho de familia. Esos chicos y chicas consiguieron el amor por sus vidas cuando se resignaron con la muerte, cuando conocieron a su piedra. Hoy este lugar es más sólido que nunca; inquebrantable ante la más feroz de las tormentas o síndromes de abstinencia.
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