Juventud fresca y celosa,
Devorada entre minutos y horas.
Es un capricho que nace
Desde la necesidad
Entre niñas tristes y melindrosas
Por hombres que no se enamoran.
En palabra es convenido
Un silencio prudencial.
En el acto seguido
alguno sin remordimiento miente,
otros arrepentidos hieren
A quien no sabe la verdad.
Cualquier cariño es bienvenido
En los hogares fríos;
Haga bien, haga mal.
A falta de un amor sentido
niñas tristes y melindrosas
Se abren de par en par
Se les resbala la ropa,
También la buena moral.
Por hombres que nunca, jamás
se enamoraran.
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